martes, 5 de diciembre de 2017

Bosques tropicales




 Un verdadero tesoro desde el punto de vista ecológico. Eso es lo que constituyen los bosques tropicales, que albergan no sólo una gran variedad de especies vegetales, sino, también, especies animales de las cuales, hasta hoy, no se tiene un catastro exacto.

Una de las zonas más interesantes desde el punto de vista de la biodiversidad de especies, tanto vegetales como animales, es el bosque tropical. Comúnmente conocida como selva, su principal característica es la abundante y espesa vegetación que presenta. Es un verde absoluto que domina el paisaje durante todo el año, beneficiado por la presencia constante de una gran cantidad de precipitaciones.
En este bioma tropical es en donde las plantas alcanzan sus mayores alturas y crecen en mayor cantidad. Cerca del 40% de todas las especies vegetales y animales del planeta viven en este tipo de bioma, que disfruta de temperaturas cálidas durante todo el año, precipitaciones abundantes y una constante recepción de la radiación solar, que, en las latitudes donde se encuentra, llega en forma más vertical.
Para su análisis y el de sus formas de organización, desarrollo vegetal y fauna es posible ordenarlos por estratos de vegetación. Desde la superficie hasta el punto más alto que alcanzan los árboles, podemos distinguir diferentes niveles. El primero de ellos es el estrato inferior, donde se alojan las raíces y el lugar directo por donde transitan los animales de mayor tamaño.
Más arriba, se encuentran algunos arbustos, árboles jóvenes, helechos y otras plantas como hierbas altas, cuya vida está condicionada por la competencia por la luz, que, en su mayoría captan las plantas que se encuentran más arriba, es decir, quienes conforman la bóveda forestal o dosel. Este nivel es uno de los más interesantes en cuanto al desarrollo de la vida en los bosques tropicales, ya que es en las copas más altas donde abundan la luz, el calor y el alimento y, por ende, vive la mayor cantidad de organismos, sobre todo especies de insectos. Puede dividirse en inferior (donde se ubican los árboles más bajos) y la bóveda propiamente tal, constituida por copas medio dispersas. Existen también sectores donde los árboles superan los 70 metros y están ampliamente esparcidos, formando la bóveda emergente.

Tipos de bosques tropicales
Dependiendo de la periodicidad de las lluvias y de la extensión de una temporada de sequía, podemos distinguir tres tipos de bosques tropicales: los bosques lluviosos, el bosque estacional y el bosque seco.
Es necesario destacar que los límites de cada uno de ellos no están claramente definidos. Como en todo bioma, son muchos los factores que confluyen en su formación, por lo que la altitud, la latitud y la presencia de algunas masas de aire van determinando la aparición de ciertos rasgos que distinguen a estos tipos de bosques tropicales.
A continuación, te mostramos las principales características de cada uno de ellos. Sin embargo, más adelante analizaremos a fondo aquellas por las que el bosque lluvioso tropical es considerado el prototipo de bosque tropical.



Bosques lluviosos
El bosque lluvioso tropical, también conocido como pluviselva tropical o selva ecuatorial, se ubica entre las latitudes 10º N y 10º S. Esto condiciona de manera total las formas de vida que se desarrollan en este sector, ya que es la zona de nuestro planeta donde se recibe la mayor cantidad de radiación solar anual, casi constante durante los doce meses del año, y es un sector de continuas precipitaciones (producto de la rápida evaporación).
Por lo general, cuenta con temperaturas bastante altas y constantes, con un promedio de 27ºC. Las precipitaciones también abundan en el sector, presentando de manera permanente una gran pluviosidad (el promedio anual va desde 2.000 a 4.000 milímetros por metro cuadrado).
Es posible identificar, además, tres grupos de bosques lluviosos tropicales. El primero de ellos se ubica en la cuenca del Amazonas, en América del Sur, conocido comúnmente como selva tropical del Amazonas o selva amazónica. El segundo abarca desde la costa oeste de India y el sur de China, pasando por Malasia y la isla de Java (en Indonesia) y hasta Nueva Guinea (área conocida como indomalaya), mientras que el tercer grupo se ubica en África occidental, alrededor del golfo de Nueva Guinea y por el interior hasta la cuenca del Congo.
También existen sectores sumamente acotados donde se desarrolla este tipo de bosques, como la costa este de Madagascar, algunas laderas de las islas de Hawai y la costa este de Australia.


Bosques estacionales tropical y subtropical


Otro tipo de bosque tropical lo constituyen los bosques estacionales tropicales y subtropicales, también conocidos como bosques semiperennifolios o semicaducifolios, dado que algunos árboles renuevan sus hojas.
La temperatura es cálida durante todo el año, pero, a diferencia de los bosques tropicales lluviosos, presenta dos estaciones bien marcadas: una lluviosa y otra seca. Esta última posee una duración variable, que va desde dos a cuatro meses, provocando que gran parte de los árboles de la bóveda superior pierdan sus hojas durante la estación seca, mientras que los que se ubican por debajo de este estrato se desarrollan con absoluta normalidad.
Los bosques monzónicos de Asia central son uno de los más claros ejemplos de este tipo de asociación tropical. En este lugar, la vegetación está acostumbrada al constante calor y a las condiciones de sequía (durante la estación seca), pero también son capaces de soportar las abundantes lluvias en los periodos más húmedos.

Bosques secos 

Presentan una estación seca, la que está directamente condicionada por la latitud del lugar. Así, mientras más al sur de la línea del Ecuador nos ubiquemos, más extensa será la estación seca, la que puede alcanzar hasta ocho meses.
Los cambios entre una y otra estación son bastante notorios. Mientras en la estación seca, tanto árboles como arbustos pierden sus hojas, con la inminente llegada del periodo húmedo afloran los primeros brotes y el suelo se cubre con un manto verde. Es necesario destacar, además, que en muchos casos las lluvias superan a las de la estación más lluviosa del bosque tropical lluvioso.
La densidad de la vegetación es mucho menor, el sotobosque es espeso y enmarañado (por la mayor presencia y captación de luz solar) y la corteza de los árboles es mucho más resistente y rugosa (lo que actúa como mecanismo de protección ante los incendios).
Si bien la mayor presencia de bosques secos la ubicamos en África y en algunas islas tropicales, estos también dominan grandes áreas del centro de América del Sur y otras pertenecientes al suroeste de Asia.


Vegetación de los bosques tropicales  



La vegetación del bosque lluvioso tropical (como dijimos, considerado el prototipo de los bosques tropicales) es tan exuberante que parece un espeso tejido, en el cual se entrecruzan árboles de enorme tamaño, lianas que van de un lado a otro, enormes helechos, algunas palmeras y otras hierbas que compiten por alcanzar un rayo de sol.
Una enorme cortina vegetal que no sólo sorprende por la abundancia de especies, sino que también sirve de hogar para organismos únicos.
Sólo debemos imaginar que es tan grande la diversidad vegetal alojada en este tipo de bosques que, fácilmente, en un área de 10 kilómetros cuadrados, es posible descubrir cerca de 1.500 especies de plantas con flores y hasta 750 especies de árboles. Incluso, los científicos hasta hoy siguen encontrando nuevas especies y están seguros que todavía quedan muchas por conocer.
Muchos de los árboles que constituyen el bosque lluvioso tropical pueden medir entre 45 y 70 metros, mientras que algunas plantas alcanzan los cinco metros. La bóveda es continua y densa, salvo en las partes donde existen cursos de agua. Los troncos de los árboles que la constituyen son, por lo general, de color claro, rectos y con contrafuertes.
Estos últimos son expansiones del mismo tronco del árbol (aplanadas y resistentes) que funcionan como una verdadera ancla para sujetarlos al débil suelo que los sostiene.
El desarrollo de las plantas más pequeñas se ve dificultado por la espesa bóveda, que impide la llegada de luz a los niveles bajos. Sin embargo, en algunos casos, las plantas alcanzan alturas que superan los cuatro metros. Estas en su mayoría son siempre verdes y con hojas alargadas y en punta para eliminar el exceso de agua, aumentar la transpiración y reducir el lavado de nutrientes.
También es usual en este sector el crecimiento de plantas epífitas, las que se caracterizan por desarrollarse y crecer sobre otras plantas para así captar mayor cantidad de luz. Estas se alojan en troncos, ramas e, incluso, en las hojas de los árboles y arbustos y, por lo general, no perjudican al árbol o arbusto que la alberga.

Adaptaciones vegetales
A excepción de la vegetación emergente (los árboles más altos y que sobresalen), la mayoría de los árboles, plantas, hierbas y arbustos de los bosques tropicales deben competir por la luz que necesitan para sobrevivir.
Este factor condiciona todo desarrollo vegetal, influyendo directamente en la aparición de conductas y estructuras que facilitan la captación de la radiación solar.
Muchas de las plantas que habitan por debajo de la bóveda forestal no reciben una cantidad suficiente de luz, por lo que están adaptadas a vivir en la sombra. Por ejemplo, la Oreja de elefante (Alocasia korthalsii) tiene enormes hojas que facilitan la captación de los tenues rayos solares que traspasan la bóveda forestal. Incluso, debajo de cada hoja posee una capa de color púrpura que refleja la luz. Así, también hay otros vegetales que crecen entre los árboles y parasitan de ellos, absorbiendo sus nutrientes y agua.

Otro interesante comportamiento es el que tienen aquellos organismos que no se aprovechan de su huésped pero sí los utilizan para escalar hacia la luz.
Estos dependen de los árboles de mayor altura para su soporte, ya que la mayoría es incapaz de sostenerse de forma vertical después de que han alcanzado cierta altura. En esta situación están las plantas trepadoras, como las lianas, que poseen tallos semejantes a cordones o cable que se retuercen alrededor de sus apoyos, alcanzando y extendiéndose por la copa de los árboles.


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